Esa
noche no era como las demás de días anteriores. Al fin ese temporal de lluvias
y mal tiempo se había alejado de la región de Lexis, dejando una noche
tranquila y apacible, lo que era perfecto.
En el bosque, toda la maleza y ecosistema estaba
tranquilo, nada por ningún lado, todo parecía como si el tiempo se hubiera
detenido; menos por donde yo pisaba.
Avanzaba de rama en rama de cada uno de esos gigantes
árboles. La primera regla; Un asesino tiene que ser limpio, rápido e invisible,
así que para mi, el suelo era un lujo; cuanto menos supiera de el y lo pisara,
mejor.
Aún con cada uno de mis saltos, conseguía que los árboles no
se movieran lo más mínimo. ¡Estaba cerca! No podía permitirme el maldito lujo
de ser detectado por nada, fallos así hacen que te arrepientas de toda tu pata.
Me paré en una de las ramas cuando tuve en mi campo visual el objetivo. Si..
Ese templo. Si mis fuentes eran exactas, ahí aguarda esa persona, ese
descabellado que puso fin a la vida de mi madre de una forma gratuita.
¿Mi vestimenta? Una túnica color negro,la cual llevaba una
capucha que me tapaba el rostro, y sólo dejaba descubierto mi mentón, ya que no
podía permitirme el lujo de ser reconocido en caso de una retirada; Además de
ello, llevaba unas botas de un color marrón apagado, las cuales en su suela,
escondían cada una un terrible secreto; unas cuchillas que salían cuando las
botas no tocaban el suelo. En lo que más manos se refieren, tenía dos
muñequeras de cuero del mismo color quemado que las botas. Las cuales llevaban
lo que el herrero llamaba "Los brazos del príncipe oscuro" Dos
cuchillas que iban desde el antebrazo hasta mi muñeca, que sólo se activaban
cuando perdía a mi más fiel asesina; Mi arma principal.
Subí de una manera rápida a la copa de el árbol, el cual tendría
diez metros de longitud, nada para mi; desde ahí arriba, tuve una visión mas
que clara del interior del templo con techo descubierto. Todo yacía apagado, ni una sola luz daba en
ese oscuro y misterioso lugar. Una silueta estaba en medio de toda esa sala,
arrodillado, como si de una oración estuviera recitando. Mi mirada se clavó en
ella. No tenía el cabello largo, eso ya no encajaba en lo que yo tenía
entendido; Por el volumen de la silueta
no era muy grande, así que pude deducir que era joven.. ¡Rayos! Estaba oscuro,
no podía ver con exactitud si se trataba de el o de un simple monje que rezaba
sus oraciones, aún así, no podía bajar
la guardía, abrí ambos brazos en posición horizontal y di un salto. El príncipe
oscuro hacía que cayera de un modo sigiloso, y si hubiera algún enemigo que
tratara de sorprender, se activaría al momento. Caí de rodillas cerca de la puerta
de entrada a esa pequeña edificación, la cual estaba algo elevada del nivel del
suelo por unas escaleras. Desenvainé la espada, la cual al momento de soltar su
vaina pasó a ser de un color transparente, como si de un diamante se tratara,
esperando a detectar donde está el peligro.
Los pasos ahora deberían ser como la brisa del aire, no
tenía que escuchar ni ser escuchado, si ponía atención en el objetivo, el
despiste haría que se me oyera lo
mínimo. Las escaleras de madera antigua eran traicioneras y sumamente rudiosas,
pero no había alternativa; si era un simple lugareño, no merecía ser molestado
gratuitamente. ¡Vamos! Ya quedaba menos, tenía la puerta casi delante de mis
narices, un último escalón me llevaría hasta ella, lo dí, y con perdón en la expresión, la jodí;
al tocar este ultimo, una inscripción se
iluminó sobre la base de este, sobre la vieja madera, una inscripción escrita
en un idioma que yo desconocía, y de repente, tras unos segundos de
asimilación, el templo se hizo de notar, reventando en pedazos, explotando, con
una gran llamarada a su paso, y no era la primera vez que una explosión me
empujaba, ya me pasó varias veces en el entrenamiento.
Caí de pie unos metros atrás, empujado por esa onda, que
además de fuerza, emanaba unos susurros inentendibles. La llama empezó a encogerse,
a ser absorbida por algo, una especie de
fuerza.
– Que narices.. –Fue lo único que pude susurrar viendo como
esa forma animal iba siendo formada, que
poco a poco salía de esos escombros, mirándome fijamente. –
Se acercaba a mi, a un paso algo ligero. ¡Que narices!
Seguro que el golpe me ha dado en un mal lugar, esto no podía ser real. ¡Solo
era una maldita llama! Empezó a correr hacía a mi y de un gran gruñido dio un
salto, pero no uno normal de lobo. Sus llamas en forma de bala fueron a mi en
cuestión de milisegundos, haciendo que chocarán y llevándome unos metros de
nuevo, empujado. ¡Mierda, no tenía el Rayo perdido, estaba a una distancia de
mi. Pero, a diferencia de una simple espada, yo podía llegar a ella en un abrir
y cerrar de ojos, con una habilidad llamada “Porte”. De nuevo ese “Animal” Dio
un fuerte gruñido y se convirtió en llamas.
– Hoy no es tu día… ¡Rayo, Porte! – Fui absorbido por el
piso de ese bosque, y como buena habilidad, la espada lanzó un rayo y salí de ahí,
con ella en la mano. El lobo, sin anticiparse a mi, cayó donde se supone que
debería estar.
–Lo siento, aquí terminas. –La velocidad de rayo que me daba
la espada me hizo avanzar a el de una manera extrema, si, te tenía. Elevé la espada
por encima de la cabeza, y con fuerza fui directamente a ese cuello ígneo, pero
antes de eso, el lobo reventó y tres bolas de llama, se escaparón. ¡Maldita
sea! Demasiado rápido fue.
Parpadeé con la espada en la posición donde debería haber
matado. – Pero. . . – Parpadeé aún mirando la arboleda por donde se había
escapado ese animal en forma de bolas ígneas. – ¡Maldición! –De rábía envainé al Rayo y le dí una patada a una de las maderas que yacían tiradas.
No pasa nada, Alfa, no pasa nada. Al menos tenía algo claro,
el objetivo se ha delatado huyendo, ya tenía un camino. Si, y cuando lo
encuentre, si es quien yo creo que es, morirá.
~MasterILYB~
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